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OPINION
El dificultoso avance en las negociaciones de la OMC POR JUAN ALEMANN. Las posibilidades de aumentar nuestras exportaciones dependen en buena medida del ordenamiento del comercio internacional, regulado en la posguerra por el GATT (Acuerdo general sobre aranceles y comercio) y desde 1994 por la OMC (Organización Mundial de Comercio), sucesora del GATT, que tiene normas más precisas y, sobre todo, formalizó la "retorsión" o "retaliación". O sea, cuando un país adopta medidas que afectan las exportaciones de otro, y que violan el ordenamiento de la OMC, entonces el país afectado puede presentar una queja ante la OMC, y si ésta le da razón, le permite imponer aranceles extra para importaciones seleccionadas del país agresor. Por ejemplo, si denunciáramos a Japón por no dejar entrar nuestra carne congelada o nuestro arroz, la OMC nos puede permitir imponer un arancel extra a automotores japoneses. Lamentablemente no hacemos uso de esa posibilidad de presión, como sí lo hace Brasil. Aparte de esto está en marcha desde noviembre de 2001 una rueda de negociaciones, iniciada en Doha, emirato de Qatar, en la que se discute en especial el tema de los productos del agro y los agroindustriales, que para la Argentina es crucial. Somos el país más afectado por los subsidios y las restricciones al acceso a mercados, contraviniendo los principios básicos de la OMC. Como ejemplo tomemos sólo el caso de la importación de carne vacuna en la Unión Europea, sujeta a un arancel móvil, igual a la diferencia entre un precio interno de referencia y el precio de importación. De hecho este arancel es del 100%, tres veces superior a los más altos aranceles industriales permitidos por la OMC. En la negociación se han formado tres grupos: 1) EE.UU. y la UE, que están dispuestos a bajar fuertemente los subsidios, en especial de exportación, pero también los internos. La UE ya puso en marcha una política de fuerte reducción de subsidios al producto, reemplazándolos por subsidios sociales al productor, independientemente de lo que produzca. Además prometió la eliminación de los subsidios a la exportación. En el caso del azúcar esto va acompañado de una fuerte reducción de la producción. EE.UU. propone ahora bajar los aranceles del 55 % al 90 %., con una lista de productos "sensibles" exceptuados, que no abarcaría más de 1% del total. Al mismo tiempo proponen reducir los apoyos internos en un 60%, pero exigen que la UE lo haga en un 80%, porque sus subsidios son mayores. La UE está de acuerdo en negociar sobre esta base; pero algunos países, con Francia a la cabeza, protestaron no tanto por la reducción de subsidios, sino por la eliminación de trabas al acceso a su mercado. Tienen pocas posibilidades de éxito; el Comisario de Comercio de la UE, el inglés Peter Mandelson, dice que la propuesta de la UE ya fue aprobada, sin posibilidad de revisión. 2) El G-20, que también integra Argentina, conformado por Brasil, China, India y otros países, que pide una liberalización más amplia. 3) El G-10, dirigido por Suiza y que son importadores netos de productos agrícolas, que sólo está dispuesto a concesiones menores. En diciembre tendrá lugar en Hong Kong la reunión decisiva para concluir la rueda Doha en 2006. Esta vez Argentina tuvo una presencia activa en las negociaciones previas, sobre todo a través de Lavagna, profundo conocedor del tema. Tanto EE.UU. como la UE tienen interés en llegar a un acuerdo. El G-20 no pondrá obstáculos, ya que aún en la hipótesis de que el avance sea sólo el acordado por EE.UU. y la UE, ya es mucho. El problema son los G-10. La solución está en dejarlos afuera del acuerdo general, de modo que tampoco se beneficien con reducciones en los aranceles de productos industriales. Solución poco ortodoxa, pero solución al fin.
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