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OPINION
La inflación, un tema sensible para todos La evidencia de que los precios vienen creciendo por encima de lo esperado, ya que solo en el primer trimestre aumentarían un 3,5 %, constituye uno de los hechos que más preocupan en la actualidad. La elevada sensibilidad que muestra la sociedad argentina frente a este fenómeno no sólo responde a que se tiene fresca la memoria acerca de un flagelo que recurrentemente ha degradado el bienestar de la población, sino también frente a la evidencia palpable de que dado el deterioro que caracteriza a los ingresos de los hogares, la persistencia de alzas en los precios internos puede empujar a miles de compatriotas" que viven con lo justo "hacia una situación de pobreza, drama en el que todavía se encuentra el 40 % de la población argentina. Ahora bien reconocer la importancia de este tema, no significa ignorar que, a diferencia del pasado, hoy por hoy no se verifican condiciones objetivas que alerten sobre la ocurrencia de un proceso de aceleración inflacionaria. Esta situación, sin embargo, es omitida por los sectores más ortodoxos de la Argentina (y del exterior) que a partir de agitar el espantajo de la inflación aprovechan para tratar de imponer una nueva agenda para la política económica, colocando el eje en la necesidad de enfriar la economía quitándole vigor al crecimiento de la demanda para lo cual vuelven a echar mano del poco novedoso y tan fracasado herramental "estabilizador": aumentar las tasas de interés, achicar el gasto público, disciplinar el salario y, una vez más, dejar apreciar el peso. Entre otras consecuencias, esa prédica consiguió opacar el buen resultado que alcanzó el canje de la deuda en default. En primer lugar, es necesario diagnosticar lo mejor posible cual es el origen de esta tendencia que a diferencia de lo que plantea la ortodoxia no se origina por el lado de la demanda agregada debido a un exceso de liquidez, a una política fiscal expansiva y los aumentos salariales °por decreto" sino por problemas que existen en la oferta de bienes y servicios. En efecto, los movimientos que se registran en los precios resultan difícilmente adjudicables a razones monetarias o fiscales. Veamos: La base monetaria durante los últimos doce meses (comparando febrero 2005 contra igual mes de 2004) aumento el 5,4 % mientras que el producto, como vimos avanza en torno al 9 %. La demanda de pesos, por su parte se mantiene firme y, debido a que aún es muy bajo el grado de bancarización de la economía son muy limitados los efectos del multiplicador de los depósitos. Por otra parte, el gobierno no esta emitiendo para financiar desequilibrio fiscal alguno. Por el contrario supera mes a mes las metas de excedente primario ya que los ingresos tributarios continúan creciendo más rápidamente que sus gastos. Por su parte, habida cuenta del retraso que todavía exhibe el salario en la Argentina, en un marco caracterizado por fuertes aumentos registrados tanto en los niveles de productividad como en los precios a escala mayorista, tampoco puede sostenerse seriamente que su incremento constituya actualmente un factor inflacionario, menos aún que el nivel del costo laboral esté actuando como una restricción al aumento de la inversión.
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