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OPINION
Si lo hacemos, hagámoslo bien La decisión de exportar no es trivial. Una vez tomada, se pone en marcha una serie de mecanismos, relaciones y expectativas que involucran tanto a la empresa que la ha tomado, como también a terceros que se encuentran en el país y en el exterior. Ya sea que el interesado decida adentrarse en el mundo de la exportación aprovechando una oportunidad puntual, ya sea que lo piense como un negocio de largo plazo, es necesario que conozca cómo funciona su mecánica para poder encarar seria y profesionalmente el negocio. En muchos casos esto supondrá un cambio radical en la forma de pensar y hacer las cosas, una reorientación de la empresa hacia el comercio internacional que funciona con parámetros y códigos diferentes a los del mercado doméstico. Tener una verdadera mentalidad exportadora va mucho más allá de ser simplemente consciente de la necesidad de hacer las cosas bien, de manera de cuidar la imagen de nuestro país en el exterior. El verdadero exportador sabe que éste es un negocio con proyección a largo plazo, con márgenes de rentabilidad y volúmenes muy diferentes a los del mercado local. El verdadero exportador sabe y asume que ésta es una actividad que exige paciencia y humildad, recursos (humanos y económicos) adecuados, profesionalismo, comportamiento ético y confiabilidad. Pero también, conoce al detalle las características de sus productos y su proceso productivo (que deben estar acordes con las exigencias del mercado objetivo), la capacidad para aumentar la producción, la estructura de costos, la situación financiera y cuáles son sus ventajas competitivas respecto de la competencia, aspectos entre otros, que incluso le servirán para el mercado local. Aunque nadie pueda asegurarle el éxito, si reúne estos requisitos podrá minimizar los riesgos de fracaso en sus proyectos exportadores. Por ello, si alguien está pensando en la exportación como una salida a la crisis, deberá analizarlo detenidamente antes de aventurarse en una actividad como ésta, que requiere alta especialización, amplia experiencia y sólidos conocimientos. A esta altura el lector podrá preguntarse: ¿siendo todo esto tan complejo, vale la pena tanto esfuerzo?. Claro que vale la pena, pues se trata de una actividad rentable con proyección de futuro, una excelente posibilidad de abrir nuevos horizontes culturales y nuevas alternativas de producción, cooperación y complementación. Es importante recordar que "complejo" es diferente de "imposible", y que con verdadera vocación y mentalidad exportadora no será un escollo difícil de salvar. Después de todo las condiciones están dadas y los negocios están allí, a la espera de quien se anime a "salirse del cuadrilátero", alguien que actúe profesional y proactivamente para concretarlos.
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