Lunes 4 de octubre de 2004
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  Cada transportista elige de qué lado de la ruta quiere estar





Los puentes se construyen para pasar de una orilla a otra. Su cruce implica, siempre, salvar un obstáculo.

Cuando hace menos de un año el Estado, junto con las entidades empresarias y sindicales del transporte de cargas resolvió establecer la vigencia de la Licencia Nacional Habilitante (LNH), no hizo ni más, ni menos que dar un importante paso en el ordenamiento de un sector que, diariamente, inyecta por las rutas nacionales y del Mercosur cerca de 350.000 camiones con 40 toneladas de desplazamiento a 80 km/hora.

Es muy importante destacar que las empresas de carga representan un movimiento económico equivalente al 2,5 % del PBI del país y dan empleo directo a cerca de 700.000 argentinos.

Un trascendente paso anterior había sido el establecimiento del Registro Unico de Transporte Automotor de Cargas (RUTA), con el que se comenzó a responder interrogantes tales como qué se transporta, quién lo hace, en qué escenarios, de qué manera, entre otros. La Licencia Nacional implica la unión indisoluble de dos parámetros indiscutibles: la evaluación de la aptitud psicofísica de los choferes de estos "gigantes de los caminos" y su capacitación profesional a partir de cursos de perfeccionamiento.

Ambas exigencias no implican erogación alguna para empresarios, empleados o fleteros, pues se hallan cubiertas por el fondo creado a partir de la tasa al gas oil, para lograr la transformación del sector.

En cualquier país del mundo esta sería una buena noticia. Toda sociedad avanzada vería este indicador como una evidente muestra de progreso.

Sirva de ejemplo que sólo en un puñado de naciones de la UE y Canadá, funcionan sistemas similares. Esto es propio de un país en serio, de un transporte de cargas en serio.

Sin embargo hay pequeños grupos marginales que con medio centenar de camiones cortaron los accesos a la Capital en algunas oportunidades pidiendo se derogen estos logros.

Uno de sus representantes afirmó ante las cámaras —provocando vergüenza ajena— "después de los 30 años, nadie puede aprender nada...." Los puentes son para cruzar, no para detenerse.

Cada uno elige de qué lado de la ruta está.

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* Presidente de la Fundación para la Formación Profesional en el Transporte, FTP

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