Martes 1 de junio de 2004
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Argentina Exporta    
  OPINION
Un mercado con los ojos rasgados
POR CARLOS LEDESMA





Argentina, como muchos otros países latinoamericanos, tuvo desde su nacimiento una fuerte incidencia cultural europea que lo condicionó notablemente en distintos aspectos de producción y consumo.

De hecho, por casi doscientos años, su único referente como vendedor y comprador de productos fueron los diferentes países europeos, Francia primero, Inglaterra luego.

Después, ya en el siglo XX, estableció relaciones comerciales con Estados Unidos propias, asimismo, de un innegable ascendente europeo, país que también nos condicionó fuertemente en la tecnología.

Pero, con la apertura globalizadora de los mercados, las corrientes comerciales tomaron otros rumbos donde, sin apartarse de los tradicionales, aparecen nuevas oportunidades en latitudes muy distintas, por cierto, de las tradicionalmente conocidas.

Estos antecedentes, nos han llevado a considerar que tanto nuestros gustos, necesidades y apetencias, como los productos que elaboramos, sea para nuestro consumo interno como los destinados al mercado externo, se encontraron siempre dentro de una línea cultural netamente europea y, en general, aceptada.

Pero, también sabemos que el gusto y cultura europeos no son globales, lo que nos lleva a pensar, con razón, que otros pueblos diferentes a nuestros ancestros tienen gustos y necesidades de productos distintos y diferentes a los que nosotros estamos acostumbrados a consumir y producir desde hace muchos años.

Incluso, la mayoría de las veces, con materiales, ingredientes o elaboraciones desconocidas para nosotros.

Como ejemplo podemos citar el redescubierto mercado oriental, acostumbrado a los vinos y demás bebidas alcohólicas derivadas del arroz, mientras que para nosotros no sería vino si no está hecho del producto de la uva.

Otro caso lo tenemos en algunas partes de las aves, como las patas o las garras, que nosotros despreciamos en nuestras comidas y menúes y son manjares muy apetecidos por pueblos de otras latitudes.

Y así podríamos mencionar una extensa lista, sobre todo de alimentos, que marcan la diferencia.

En ocasiones, no son los atributos básicos del producto los que marcan esta diferencia, sino los externos, tales como las marcas, los colores, o los símbolos que nos caracterizan localmente.

Sólo por citar un caso: cuando un exportador envió muestras de ropa de bebé con nuestra natural y simpática cigüeña como símbolo de nacimiento, fue considerada casi como insultante y grosera, ya que para ciertos pueblos de oriente este animal simboliza un presagio de muerte y no necesariamente de la vida que llega.

Puede ser también que aunque no varíen las propiedades del producto, sean diferentes los puntos de venta o los canales de comercialización. Así el caso del aceite de oliva, que para nosotros es propio de almacenes y supermercados, mientras que en oriente, por ser considerado un producto vinculado con el cuidado de la salud, es comercializado en farmacias.

Por eso es que, si queremos cambiar o complementar el rumbo de nuestros mercados, antes de emprender costosos viajes y análisis de mercados, es imprescindible realizar un cambio cultural previo que nos permita comprender las diferencias culturales y despojarnos del preconcepto que nuestros productos deben ser aceptados tal y como los consumimos o usamos aquí, en Europa o Estados Unidos.

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