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OPINION
Manejo discrecional del precio del gasoil A partir del 30 de diciembre del año pasado, las compañías petroleras produjeron un incremento progresivo en el precio del gasoil para compras directas o a granel, mediante el simple expediente de reducir las bonificaciones habituales en ese tipo de transacciones. Al mismo tiempo, anunciaban con gran despliegue publicitario, un acuerdo para no aumentar el precio de los combustibles en el surtidor. Como era inevitable, ello tuvo un fuerte impacto sobre los costos de explotación en el transporte de cargas y generó la necesidad de trasladar el aumento al precio de los fletes. Otros anuncios de contenido similar se sucedieron, con el efecto de colocar a los transportistas en una incómoda posición respecto de los dadores de carga, porque las compañías petroleras se niegan a reconocer públicamente los cambios habidos en la comercialización mayorista. En estos días hay, además, un incipiente desabastecimiento en un momento clave de la economía como es el comienzo de la campaña agrícola para transportar la cosecha agraria, lo que en realidad siempre implica un pico en el consumo de gasoil. Los transportistas de carga no ignoramos que el precio de la materia prima el crudo registra un alza pronunciada en los mercados mundiales y que la crisis política en Medio Oriente y la guerra en Irak, que son algunas de las causas que la provocan, están fuera del control del gobierno de un país periférico como el nuestro. Es por ello que no pedimos un precio fijo u otras alternativas de imposible realización. Exigimos, sí, que se respete nuestra condición de consumidor mayorista. En un mercado oligopólico, sólo la intervención del Estado puede garantizar la transparencia y el equilibrio entre oferta y demanda, obligando a las compañías petroleras a rever su actitud y restablecer las condiciones comerciales que imperaban hasta el 30 de diciembre. Las tradicionales, las de siempre. Cualquier consumidor, por modesto que sea, sabe que no es, y nunca fue, igual el precio de un kilo de harina adquirido en el almacén de la esquina, que el que debe pagar quién adquiere en un molino una tonelada del mismo producto. Siempre sucedió así en todos los sectores económicos. Que cualquier automovilista pueda constatar, día tras día, que el precio en el surtidor que utiliza habitualmente no ha variado, no debería tranquilizar a los usuarios del servicio de transporte de cargas por carretera que dicho sea de paso mueve cerca del 80 % de las mercaderías que se transportan en nuestro país. Ya se sabe que la única verdad es la realidad por eso es que el combustible que consume es cada día más caro. Y, ahora, para peor escasea. * Presidente de Fadeeac.
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