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Lo productivo por sobre lo financiero
En los últimos días, se ha producido una tendencia a la baja de la cotización del dólar. Como respuesta, el Gobierno ha incrementado las compras de divisa, esterilizando en parte la emisión mediante títulos de corto plazo. Dado que el último acuerdo con el FMI limita la expansión de la base monetaria estipuladas, el Gobierno ha empleado, además, recursos fiscales excedentes. Se ha propuesto dejar caer el dólar, a fin de abaratar el costo en pesos de la deuda externa. Y los promotores de esta política suponen en realidad que lo esencial en estos días es resolver la deuda en mora. Se afirma que así se reabrirá el acceso al financiamiento externo, supuestamente una condición necesaria para alcanzar un crecimiento sostenido y sustentable. Esta tesitura también es sostenida por voceros de acreedores del exterior. Más allá de los intereses particulares involucrados, entendemos que permitir la revaluación del peso constituye un grave error. En primer lugar, es ilusorio pensar que ésta elevada oferta de divisas persistirá durante mucho tiempo. Ella es producto de una coyuntura, signada por la liquidación de exportaciones: el segundo trimestre se caracteriza siempre por un elevado saldo de la balanza comercial (en promedio, el segundo trimestre mostró, en el período 1992-2003, un saldo 100 % superior al promedio anual). Asimismo, empresas mineras y petroleras, al no tener obligación de liquidar las divisas por exportaciones, las ingresan ahora para el pago del impuesto a las ganancias (en el caso de Repsol, se trata de casi US$ 1.000 millones). Una vez superados estos factores estacionales, el flujo de divisas disminuirá considerablemente. Asimismo, se producirán nuevos requerimientos cuando se operen vencimientos de la deuda externa (en particular, cuando se arribe a un acuerdo con los acreedores externos). Pero existen razones adicionales que llevan a alertar acerca del peligro que representa la revalorización del peso. Por un lado, la Argentina requiere un tipo de cambio elevado, para viabilizar un proceso de reindustrialización con vocación exportadora. En segundo término, es necesario generar un marco de precios relativos estables; y el eventual sometimiento de la cotización del dólar a los flujos financieros de corto plazo produciría continuas variaciones, afectando las decisiones de inversión. Además, debe notarse que la Argentina dispuso siempre de una capacidad de ahorro local suficiente, por lo que no depende masivamente de flujos externos de capital. Una vez más entonces, se escuchan las voces que dan preeminencia a lo financiero sobre lo productivo. Cuando la Argentina adoptó esta tesitura, se embarcó en procesos de revalorización cambiaria que culminaron en endeudamiento, empobrecimiento y finalmente en rupturas traumáticas. Nos referimos, concretamente, a la gestión de José A. Martínez de Hoz y al ciclo de la Convertibilidad. Una política que adopte como único indicador relevante la entrada de colocaciones de capital nunca puede ser apta para lidiar con las complejidades del proceso de desarrollo. Entendemos, por lo tanto, que es imperativo sostener el actual tipo de cambio, sin descuidar desde ya el comportamiento de los precios, renegociando eventualmente las metas de emisión con el FMI, organismo del que se debería esperar una actitud favorable a la generación de horizontes de crecimiento sustentable. * Coordinador académico del Plan Fénix
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