Martes 6 de mayo de 2003
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Argentina Exporta  
  OPINION
Cuando el camino es muy largo
POR CARLOS LEDESMA.



No todos los mercados de destino de nuestras exportaciones son fáciles de alcanzar, directos en su comunicación y cercanos en su geografía. En muchos casos, quizá en la mayoría de ellos, para poder entregar la mercadería en el lugar pactado, es necesario recurrir a una verdadera ingeniería de la distribución física internacional, donde se combinan aspectos formales e informales y hasta algunos legales y otros de naturaleza incierta.

Es obvio que el comercio internacional y su distribución implican riesgos e incertidumbre, pero ello nos debe impulsar a elaborar procesos que permitan, sino eliminarlos, al menos minimizarlos.

Me valdré de un caso actual para ejemplificar este concepto. Una empresa cliente debió entregar una mercadería de regular peso y volumen y relativo alto precio en Yeverian, Armenia. En virtud de no existir ningún tráfico marítimo directo ni indirecto desde el puerto de Buenos aires a ese destino, se debió transbordar la carga en Rotterdam, en el Mar del Norte, con destino al puerto de Poti en Georgia, y de allí a través de un incierto tránsito terrestre, hacia Armenia.

Imagínese el tiempo empleado, la incertidumbre sobre los potenciales riesgos y siniestros, así como la incidencia financiera sobre el valor económico de los bienes inmovilizados durante tanto tiempo.

Considere que el tránsito terrestre se efectúa entre estados no muy bien relacionados políticamente o, directamente, enemistados, y que los operadores no hablan otra lengua que la nativa, amén que las compañías aseguradoras rehúsan cubrir riesgos en ese trayecto.

Cualquier exportador desprevenido podría haberse asustado ante este cuadro, por demás desalentador, o perder todo el capital en riesgo en esta operación.

¿Qué hacer ante estas situaciones tan cotidianas en el manejo de las operaciones de exterior? Pues, el hecho de que no haya disponibilidad de operadores o facilitadores locales que puedan gerenciar la operación, no implica que no haya otros, en otras latitudes, que estén calificados para hacerlo, con éxito y a total satisfacción.

Sólo hay que buscarlos a través de los transportistas internacionales, contactarlos y diseñar junto con ellos la operación.

Una de estas figuras facilitadoras son las empresas denominadas como embarcadoras, forwarders o transitarios todas de origen europeo, que, según su origen se han especializado por zonas de operación.

No hay destino difícil si planeamos bien la estrategia y, previamente, la operación, junto con profesionales idóneos en las rutas que nuestra carga debe transitar.

Si insistimos en manejar operaciones tan riesgosas y lejanas con nuestra, a veces, limitada capacidad, es posible que no podamos gerenciarla, perdamos económicamente, o no podamos controlar las trabas operacionales que de hecho en cada país, al ser diferentes, se tornan en verdaderos fantasmas internacionales. Más bien, por el contrario, deberíamos convocar, más allá de su costo, a verdaderos especialistas en logística de la distribución internacional.

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