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ANALISIS ECONOMICO
EE.UU.: un mercado con grandes posibilidades Los EE.UU. constituyen el mercado más importante para la mayoría de los países, por su elevado PBI y su alto consumo; pero no lo son para nosotros, porque su producción es más competitiva que la nuestra. Son grandes productores de granos y oleaginosas, así como de carne vacuna. Por ello, con algo más de 3.000 millones de dólares, nuestras exportaciones a los EE.UU. llegan al orden del 11% del total, teniendo el Mercosur y la Unión Europea participaciones mucho mayores. No obstante, con algún esfuerzo y un buen conocimiento del mercado, podríamos duplicar nuestras exportaciones allí. El Gobierno de los EE.UU. dispuso, pocos días atrás, permitir el acceso de productos que figuran en 57 posiciones arancelarias con arancel cero o mínimo, dentro del Sistema Generalizado de Preferencias que tiene hacia algunos países emergentes. En realidad se nos vuelve a incluir, ya que estábamos adentro y luego se nos impuso la mitad del arancel común por no respetar normas sobre patentes. Las 57 posiciones corresponden sólo a 9 productos. 44 posiciones arancelarias son de distintas formas de cueros, y en otras también se trata de variantes de un mismo producto básico. Entre esos productos están manzanas secas, pochoclo (maíz pisingallo), picadillo de carne cocida, tortas y residuos sólidos de aceite de maíz y colorantes ácidos. En breve se sumarán otros 14 productos, tales como dulce de leche, pasta de maní, maní de confitería, quesos tipo italiano, jugo y mosto de uva. La manzana disecada, que luego se utiliza para tortas y postres de manzana (tipo apple pie o strudel) tiene un enorme consumo en los EE.UU. y en Europa. Llama la atención que nuestros productores no se dediquen a fabricar industrialmente este producto, incluso para el mercado interno. Ni siquiera en el valle del Río Negro se lo obtiene. La disecación in situ evita el alto costo de la conservación de las manzanas con frío y su empaque, e implica menores costos de transporte. En cuanto a la carne cocida está pendiente de solución un viejo problema. Cuando en 1962 los EE.UU. abrieron la importación para este producto, después de haberse demostrado en el laboratorio de Plum Island que no tenía aftosa, obligaron a una temperatura y un tiempo de cocción excesivos, que degrada la carne. Con bajar un poco los niveles, el virus igualmente estaría bien muerto, pero la carne sería apta para hamburgesas, con lo cual se abre un mercado enorme. Claro que hay que ocuparse del tema. Cabe recordar que en 1962 la apertura fue lograda tras una intensa gestión del embajador Roberto Alemann, quien dio la estocada final cuando la Argentina mandó dos barcos a Cuba en ocasión de la famosa crisis de los misiles. EE.UU. suele gratificar a quienes se muestran solidarios con ellos en cuestiones claves de la política mundial. No lo olvidemos. Luego viene el tema de la carne enfriada y congelada. Las importaciones estaban cerradas por la aftosa, hasta que logramos erradicar esa enfermedad por dos años. Los EE.UU. nos concedieron un cupo de 20.000 toneladas. Cometimos luego la imprudencia de eliminar la vacunación obligatoria, sabiendo del peligro de animales venidos de países limítrofes con aftosa, en especial Paraguay, y de la facilidad con que se propaga este virus. Volvió la aftosa y nuevamente EE.UU. suspendió las importaciones. Pero en el 2004 se volvería a cumplir el plazo de dos años, de modo que podemos aspirar a ese cupo y más, ya que Australia tiene uno muy grande, que sólo cumple en parte. Los EE.UU. tienen sus peculiaridades. En el maní de confitería el problema es que la Argentina tiene un cupo, pero como no nos dejan contratar un control por nuestra cuenta, y el de la Aduana de allá es harto deficiente, resulta que otros países utilizan parte de nuestro cupo. En otros productos hay problemas de cupos insuficientes y en otros pseudo sanitarios. Hay temas que debemos negociar como país. Martín Redrado, Secretario de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería, ya lo está haciendo, y bien, dentro de una comisión mixta con los EE.UU. Pero las empresas privadas deben superar los obstáculos menores, así como de los acuerdos privados para entrar en el mercado, del packaging y la promoción, y de descubrir los innumerables nichos, permanentes o transitorios, que son oportunidades para nosotros.
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