Viernes 6 de setiembre de 2002
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Argentina Exporta  
  ANALISIS ECONOMICO
Estrategias para exportar
POR JUAN ALEMANN



Un proyecto de crecimiento "sustentable" requiere de un aumento de las exportaciones proporcionalmente superior al aumento del Producto Bruto Interno. Esto es casi axiomático. Pero también están quienes apuntan a un modelo de economía cerrada, poniendo el énfasis en la sustitución de importaciones por producción local, con lo cual se importa menos. Lo que sucede es que este modelo es de menor potencial de crecimiento.

El comercio exterior es creador de riqueza, por cuanto permite a cada país producir más de aquello en que tiene ventajas comparativas, o sea que produce más barato que otros, importando a la vez aquello que no produce o sólo muy caro.

Hay que comenzar por comprender el concepto de "intercambio". Para exportar más también hace falta importar más, ya que a medida que las exportaciones aumentan, crece el componente importado de las mismas. Esto comienza en el agro, donde una mayor producción requiere más fertilizantes, herbicidas, plaguicidas, maquinarias y equipos, que en buena parte son importados. En la industria el fenómeno es más notorio aún. A lo que la Argentina debe apuntar actualmente, es que las exportaciones crezcan más que las importaciones. Sin eso, la ecuación macroeconómica no cierra. Además está el hecho de que si pretendemos exportar sin importar, otros países nos cerrarán los mercados.

Para exportar más, hay que producir más de aquellos productos en los que el país tiene ventajas competitivas. Estas son básicamente cuatro: 1. Productos agrícolas pampeanos y algunos otros; 2. Productos de la minería; 3. Productos con alto componente de energía eléctrica; 4. Productos industriales que requieren mano de obra técnica y calificada. La producción de granos, oleaginosas y carne vacuna tiene posibilidades importantes de expansión y también de mayor elaboración.

No olvidemos también la calidad de nuestros recursos humanos; hay sobreabundancia de ingenieros y técnicos en casi todo lo que se puede imaginar. Nos damos el lujo de exportarlos gratis.

En muchos casos dependemos de que otros países nos permitan venderles. Hay avances en este sentido, sobre todo a partir de la creación de la Organización Mundial de Comercio que permite someter las restricciones no permitidas por los acuerdos de la misma a juicio. La Argentina presentó hasta ahora una sola queja ante la OMC, debiendo haber planteado por lo menos una docena.

Somos muy pocos los que insistimos en la necesidad de aplicar medidas de retorsión, o sea sobrearanceles a productos provenientes de países que restringen indebidamente nuestras exportaciones, que la OMC permite, si comprueba que la queja es fundada. Un caso concreto es el de la carne cocida. Con motivo de la aftosa, los EE.UU. también prohibieron su ingreso, cuando desde 1962 estaba permitido, después de que el laboratorio de Plum Island verificó que el virus moría. Hace muy poco volvieron a permitir esas importaciones. Pero sigue pendiente el tema del nivel de cocción: está probado que con menor temperatura y tiempo de cocción el virus también muere; pero entonces la carne es apta para hamburguesas, cosa que ahora no es el caso. Es una gran diferencia.

En Japón el caso es peor aún, ya que exigen una temperatura y un tiempo de cocción mayores, con lo cual carne se degrada, al punto de que tiene poca demanda y pierde valor. Japón tampoco nos permite venderle arroz y otros productos. La Argentina debería plantear el caso ante la OMC, con la amenaza de duplicar el arancel para automotores japoneses y sus partes. En muchos países se plantean casos como el mencionado. Se requiere un trabajo sistemático de la Secretaría de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería, así como de nuestros embajadores y agregados económicos, y también del Mercosur, ya que muchas cuestiones son de interés para el bloque. El secretario Martín Redrado es muy activo en esta materia, y también lo fue Roberto Lavagna siendo embajador ante la Unión Europea y la OMC. Otros funcionarios deberán involucrarse más; y los sectores privados afectados directamente por medidas o regimenes que traban sus esfuerzos, deben plantear con precisión sus problemas, cosa que normalmente no hacen.

Aparte de esto, hay una tarea permanente, cual es la de plantear ante la OMC nuestra pretensión de eliminación de subsidios al agro y también, que no se discrimine contra los productos agrícolas con mayor valor agregado, como lo hace especialmente la Unión Europea, que importa semillas oleaginosas y cuero crudo con un arancel muy bajo, y aceites y harinas, así como cuero curtido con uno mucho más elevado.

Además, hay que lograr que la OMC considere también al azúcar como producto de origen agrícola. Se trata de uno de los productos más subsidiados en el mundo, al punto que en la UE el subsidio llega a superar el 200 % del precio neto de exportación, que por ello mismo se deprime y nos impide producir y exportar más.

Finalmente, debemos sacar ventaja del default, planteando con claridad que para poder pagar nuestra deuda nos deben posibilitar que exportemos más. Este planteo debe ser presentado en todos los foros, una y otra vez, y también bilateralmente ante los Gobiernos de los países que nos afectan con sus políticas de subsidios y protecciones indebidas. Con ello podemos lograr que la culpa por el default sea compartida, y que banqueros tenedores de títulos argentinos y otros acreedores afectados por el default, trabajáran para nosotros en materia de exportación.

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