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EN FOCO

La idea de la trampa empezó a sobrevolar al 28 de octubre
POR LUIS SARTORI
Es una mala palabra de la política, nefasta para la vida en democracia. Tiene dos notables antecedentes en la historia argentina: la era del "fraude patriótico" en la década infame de los años 30, y las mil y una elecciones sindicales en que los votos de la oposición mutaban mágicamente en sufragios para el oficialismo, al punto de que la picaresca gremial inmortalizó la figura de un supuesto "enano" que era escondido dentro de las urnas por la conducción acechada.

La mala palabra se viene repitiendo ahora en las noticias de los últimas días, como un repiqueteo molesto. Al punto que se podría transformar —gracias al "desinteresado" lobby de la oposición sobre el tema— en el riesgo mayor para el kirchnerismo en octubre. Si surgiera un gobierno sospechado de manipular los votos, arrancaría débil aún con números fuertes.

Juez en Córdoba denunció y repitió que hubo fraude (aunque lo dijo en cordobés: "Me chorearon la elección"), pero no pudo aportar pruebas ante la Justicia. En esa provincia se suceden las marchas callejeras de uno y otro bando, varias semanas después de la elección a gobernador.

En Chaco, Rozas y Capitanich —cada uno a su turno— aludieron también a la palabra que identifica la trampa, y en esa provincia el escrutinio definitivo quedó paralizado.

Carrió alertó desde los Estados Unidos y pide veedores, un diputado peronista ya presentó un proyecto de "ley antifraude". y los jueces electorales trataron ayer esta cuestión delicada, que los coloca en alerta máxima.

Es un runrún desagradable y parece apretar al Gobierno. No estaría mal que se extremen los mecanismos explícitos —desde el kirchnerismo y desde la Justicia— para que el fantasma deje de sobrevolar la elección.