Lunes 4 de octubre de 2004
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Turismo    
  ESCAPADA A VILLA GESELL
Delicias para el paladar y escenarios para la aventura
*Fuera de la temporada veraniega, la ciudad también es una excelente alternativa a 400 km de Capital Federal.






POR LALO RECANATINI MENDEZ-

VILLA GESELL ESPECIAL

*Poco podía imaginarse don Carlos Gesell que aquellas primigenias 1.600 ha de arena árida, 73 años después terminarían por convertirse en uno de los balnearios atlánticos más importantes. Además de ser un clásico veraniego, hoy Gesell ofrece propuestas durante todo el año.

Este "bosque con mar" cuenta con una nutrida inmigración de Alemania, Suiza, Austria y Holanda, que ofrece delicias tales como chocolates, tortas y alfajores de sabores desconocidos para el simple aficionado a los dulces. Y por si no alcanza, es posible acariciar el cielo saboreando licores de producción artesanal y secretos guardados bajo siete llaves; imperdibles el de dulce de leche y el de sambayón de "Colocolo". La cocina típica suele congregar a ajenos y locales en las fiestas de las colectividades alemana y austríaca; la de la cerveza y el chucrut es una de ellas.

Pero como no solo de pan vive el hombre, Gesell propone una diversas actividades. Para empezar, una excursión interesante es la que se realiza durante todo el año al Faro Querandí, a una hora de viaje del centro. El ingreso al faro está permitido y aquellos que "sobrevivan" a las escaleras en caracol que llevan a la cima se llevarán una postal en las retinas que recuerda el paisaje original de la villa.

Los que prefieran recorrer por cuenta propia los inmensos médanos y dunas, encontraran en los fourtrax el vehículo ideal para perderse en "paisajes lunares". Si uno no está ducho en el manejo de los cuatriciclos puede emprender la cuatri-travesía que ofrece la gente de Moto Fox.

La casa original de Carlos Gesell —fundador de la villa— es hoy un museo. Al recorrer los alrededores y sentir los aromas y colores de más de 100 especies de plantas, no se puede dejar de pensar, con profunda admiración, que ese lugar hace más de 70 años era un desierto de dunas que iban y venían. Hasta que llegó don Gesell.

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