Miércoles 2 de abril de 2003
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  PATAGONIA
En Madryn, el buceo es cosa de niños
Un equipo de profesionales hace que el debut en el mundo submarino sea mucho más sencillo de lo que se piensa.



MUNDO SUBMARINO. PECES DE COLORES, CARACOLES Y HASTA ALGUN QUE OTRO TIBURON.


No sabemos nadar. No tenemos equipo. No sabemos cómo es. Es carísimo. No podemos ir hasta el Caribe. Estos y muchos cuestionamientos más uno le hace, por ejemplo, a un hijo que tiene el sueño de bucear en un ambiente natural.

Claro que esas trabas se disipan si uno tiene en cuenta a un equipo de profesionales que trabaja en Puerto Madryn, uno de los lugares de Sudamérica más visitados por los amantes del mundo submarino. Y queda aquí, en Argentina, más precisamente en la provincia de Chubut.

Previa visita a la página web www.lobolarsen.com, donde uno se puede enterar de todo con respecto al servicio, seguramente el camino hacia una aventura quedará abierto y sin dudas. Una vez en Madryn, hay que ponerse en contacto con el "Oso" Larsen para darse cuenta que no hay que ser ni Nicolao ni Meolans para bucear. Sólo piden un rollo para sacar fotos bajo el agua. Después, todo lo necesario lo ofrecen ellos: desde el traje de buceo completo para no sentir nada de frío, las patas de rana, las antiparras, hasta los tanques de oxígeno y la cámara fotográfica. El Oso y sus colaboradores (Marcelo, Alejandro, el belga Cristoff y Pedro) también ponen toda la buena onda para que uno se sienta tranquilo y seguro en el debut bajo el agua.

La aventura comienza con la partida en lancha desde el puerto de Madryn, donde ya se comienzan a recibir las primeras instrucciones. Se fondea a unos 500 metros de la costa —lugar informado y aprobado por Prefectura— y ahí primero se sumergen el Oso y Alejandro para preparar el fondo, mientras tanto Cristoff termina de armar el equipo sobre los otros buceadores. Luego se entra al agua junto a un instructor, se desciende en forma lenta y ellos van viendo la reacción de los principiantes. Toda la experiencia bajo el agua dura unos 25 minutos, pero seguramente quedarán grabadas por mucho tiempo todas las increíbles imágenes que uno logra captar en el descenso.

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