Martes 25 de febrero de 2003
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  PARAISO
Neuquén tienta con un lugar tan mágico como atractivo para todos
Sin dudas se trata de uno de los lugares encantados de Argentina. Se lo puede disfrutar en el sudoeste de la provincia.



EN EL PARQUE SE ENCUENTRA EL VOLCAN LANIN, LA MAYOR ALTURA PATAGONICA CON 3.776 METROS.


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  Datos útiles

Sintetizar lo que es el Parque Nacional Lanín no es nada sencillo. Pero hay un calificativo que se puede aplicar a tanta belleza: exuberante. Los escenarios que ofrece la naturaleza en este verdadero paraíso situado al sudoeste de la provincia de Neuquén son realmente cautivantes. Según los mapuches —sus antiguos habitantes— esta parte del mundo era casi un desierto, hasta que su Dios salió desde la montaña a repartir los bienes, pero como su bolsa estaba rota todo quedó en la zona. Y es que en las casi 400 mil hectáreas del parque, bosques, senderos, lagos, arroyos y ríos caudalosos hacen de este lugar una interminable suma de atractivos. El aire puro, el silencio y el paisaje de árboles que varía sus colores según la época son toda una tentación.

San Martín de los Andes al Sur y Aluminé en el Norte son las mejores bases para salir a recorrer el parque. Mientras San Martín (a orillas del lago Lácar) ofrece todas las comodidades para el turismo —cabañas, campings, hoteles, hosterías y restaurantes—, Aluminé facilita el acceso a los lagos Ruca Choroi, Ñorquinco y Quillén.

En cercanías de Aluminé llaman la atención los portentosos pehuenes (o araucaria araucana), de cuyas ramas (que alcanzan unos 45 metros de altura) penden piñas de tamaño variable con 100 a 200 piñones, frutos de sabor dulce y base de alimentación de los mapuches.

El paisaje es el típico del sur de la cordillera de los Andes. La altura de la zona montañosa va variando: se reduce de oeste a este y se pueden apreciar distintas formaciones de montaña.

Una de las actividades que más cautiva a los turistas es el trekking por ocultos senderos naturales. La rica vegetación de los bosques crea otro atractivo único para disfrutar con todos los sentidos. Sobre todo, los bosques de pehuén y raulí, muchos de ellos surcados por antiguos senderos trazados por los lugareños, para recorrer a pie o en bicicleta.

Pero para poder disfrutar sin problemas de esta maravilla natural, más vale asesorarse con gente idónea de la zona —como guías baqueanos y guardaparques—, ya que el entramado de senderos naturales puede llevar a perderse fácilmente en la ladera de la montaña o —en el mejor de los casos— dedicar una jornada entera para un circuito que no debería insumir más de un par de horas.

La impronta de la primitiva cultura mapuche de esta región se percibe en el cuidado extremo que los pobladores locales dispensan al roble pellin, considerado "el árbol sabio del bosque" por la tradición indígena y que sólo crece en el Parque Nacional Lanín y el sur de Chile.

Entre los ineludibles refugios donde la naturaleza se exhibe en su máxima expresión, no pueden soslayarse la sucesión de balcones naturales que regalan vistas privilegiadas del lago Lácar.

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