| |
OPINION
Motivos sobran para disfrutar de las bellezas cordobesas
POR CARLOS SACCHETTO. Periodista.

Te sentás sobre una de las piedras que bordean el arroyo de agua cristalina que baja de un cerro cordobés, cerrás los ojos y estás en otro mundo. El sol te adormece en una siesta de placer y la mezcla de fragancias frescas que percibís en ese olor a naturaleza pura, te indica que los miles de verdes que te rodean también se confabulan para que todos tus sentidos descubran que hay otra vida. Estás en las sierras de Córdoba.Y en la calma de una paz profunda, te sentís tan lejos y a la vez tan próximo de todo. Son tus vacaciones, o quizás una escapada del infierno del cemento y los problemas, o tal vez una anhelada vuelta a casa. Antes o después de las sierras, como el aperitivo o el postre de un banquete delicioso, es inevitable pasar por la Ciudad. No podés perderte caminar por las veredas de la Cañada, bajo la sombra de las tipas centenarias. Y por las peatonales del Centro, que según la zona cambian de estilo para competir entre sí en un duelo de sol, verde y mujeres hermosas. Por ellas vas a ver transitar a todas las Córdobas. La conservadora y la progresista, la docta y la rea, la del alfajor y la del choripán, la de las veladas del Teatro San Martín y la de los cuarteteros, la del político charlatán y la del investigador silencioso, la del progreso y la de las villas miserias. Si caminás por la zona de la historia jesuítica y te llega la voz de la Mona Giménez cantándole al vino y al choripán, no podés sorprenderte. Eso también es Córdoba. Tan auténtica como sus campanarios y la solemnidad de sus doctores. Perdón por la nostalgia y la pasión, pero una provincia y una ciudad que tienen todo eso, merece ser llevada en el alma.
 |
|
|
|