Viernes 6 de setiembre de 2002
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  CORDOBA
El rico legado de los jesuitas
La capital cordobesa permite descubrir por qué la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad a la manzana jesuítica.



A PARTIR DE 1599, LOS JESUITAS DIERON FORMA A UNO DE LOS SITIOS MAS INTERESANTES PARA RECORRER.


Desde siempre, la ciudad de Córdoba se caracterizó por sus sitios históricos. Entre ellos, el oratorio del obispo Mercadillo, la plaza San Martín, la Catedral, el pasaje Santa Catalina y el Cabildo. Y desde noviembre de 2001, el circuito jesuítico provincial fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Está integrado por la Manzana Jesuítica de la Compañía de Jesús —en Córdoba capital— y cinco estancias en el interior.



A TRAVES DEL TIEMPO. La manzana jesuítica originalmente iba a ser un convento de monjas o recogimiento de doncellas, pero fue adjudicada por el Cabildo a los padres de la Compañía de Jesús en 1599. Desde 1569 ya estaban allí la ermita de los santos mártires Tiburcio y Valeriano. Para 1613, los jesuitas trasladan la escuela de primeras letras, el noviciado y el convictorio o seminario. Ya para esa época habían fundado el Colegio Máximo, el que habría de ser la base de la Universidad Nacional de Córdoba, mientras que en 1782 el Real Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat pasó a ocupar la parte sur del antiguo Colegio Máximo.

Con el paso del tiempo, la imagen y ocupación de la manzana se fue transformando, quedando en parte —sobre calle Obispo Trejo— lo que fue de esta histórica propiedad jesuítica. Hoy, junto a la Iglesia de la Compañía tiene su sede el Rectorado de la universidad, funcionan allí mismo la Biblioteca Mayor y la Facultad de Abogacía; a continuación y en la esquina con Duarte Quirós tiene su sede el Colegio Nacional de Monserrat. Sobre Caseros —hacia el otro lado de la iglesia— está la casa de los jesuitas, en cuyo ingreso se encuentra la Capilla Doméstica, pequeña construcción de características similares a la iglesia de la esquina. Ya sobre la Av. Vélez Sarsfield, ocupan el resto de la propiedad otras dependencias de la universidad, y la sede de la Academia de Ciencias.

La volumetría de la iglesia y la fachada del Colegio de Monserrat son los ejemplos de mayor atracción y significación, mientras que como imagen ambiental, la calle Caseros ofrece una extraordinaria vista de los volúmenes pétreos de esa preciada construcción que es la iglesia de la Compañía. La calle Obispo Trejo presenta otro rico episodio aunque no tan cargado de importantes valores arquitectónicos, pero con la vida y fuerza que le transmiten los jóvenes universitarios que por allí circulan.

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