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ANALISIS ECONOMICO
La política industrial exige un análisis bastante complejo Tanto el Presidente Kirchner como el Ministro Lavagna expresan continuamente una gran vocación industrial. La relacionan con la creación de empleos, hablan de reindustrialización en función a una supuesta devastación industrial en la década del 90 y vuelven al concepto de sustitución de importaciones, en el que se basó la política de industrialización a partir de la crisis del 30, continuada luego forzadamente durante la guerra y después por una política de alta protección. LA CREACION DE EMPLEOS. Vamos por partes. Si bien la industria genera empleos, ya no lo hace como antes. Las tejedurías que en otras épocas operaban con un trabajador por telar, hoy tienen uno por cien o más. Las fábricas de automotores pueden producir el doble de unidades que en los años 60, con menos de la mitad del personal. En casi todas las actividades, el avance de los procesos total o parcialmente automáticos ha sido de tal envergadura, que la industria emplea mucho menos personas en relación al capital. En muchos casos, empresas existentes, expulsan personal a pesar de producir más. Más allá del aspecto tecnológico, las condiciones actuales de aguda competencia obligan a no tener personal en exceso y optimizar la productividad laboral. En nuestra época la creación de trabajo proviene sobre todo de los servicios, que en el mundo entero tienen una proporción cada vez más grande en el PBI. La sociedad moderna requiere más servicios de educación, de salud, de seguridad, de hotelería, turismo y entretenimiento, de informática y comunicación, y también servicios sociales, financieros y otros. La industria tiende a tercerizar servicios de mantenimiento, de transporte y otros, y necesita más asesoramiento de diverso tipo, todo lo cual implica más servicios. LA INDUSTRIALIZACION DE LOS 90. El segundo punto a aclarar es el de la supuesta destrucción industrial de los 90. Hubo entonces una fuerte expansión de la industria petroquímica, en menor medida también de la siderúrgica y del cemento, así como de la automotriz, la láctea, la aceitera y otras. En general hubo una importante modernización, con introducción de maquinaria nueva, que las hizo más competitivas. En esos años las importaciones de bienes de capital para la industria llegaron a los máximos históricos. Como expresión de esa evolución cabe destacar el avance de las exportaciones de productos industriales, en especial de los que no tienen base agropecuaria (MOI, Manufacturas de Origen Industrial), que llegaron a superar a las que si la tienen (MOA, Manufacturas de Origen Agropecuario), que ahora volvieron al primer lugar. LOS SECTORES PERJUDICADOS. Al mismo tiempo cerraron muchas empresas industriales, y otras redujeron su producción. En parte ello se debió a un proceso de concentración, o sea que los que invirtieron, modernizaron y expandieron desplazaron a los que se quedaron atrás. Pero también hubo perjudicados por importaciones competitivas. Esto es normal en un proceso de apertura, que lleva a una casi triplicación de las exportaciones, que se corresponde entonces con más importaciones. La apertura implica expansión para unos y contracción para otros. Pero aparte de esto, hubo muchos casos de destrucción industrial por una subfacturación salvaje. El control aduanero privado implementado en 1997 (llamado "preembarque") para posiciones críticas, llegó tarde y, además, fue boicoteado sistemáticamente por la estructura de la Aduana. Aún así fue efectivo, y justamente por eso se lo desactivó en el 2001. Actualmente el tipo de cambio real alto hace de protección natural, sobre todo para industrias que utilizan insumos que tienen altos derechos de exportación. Pero en muchos casos ello no basta. El tema de un control aduanero efectivo sigue siendo una asignatura pendiente. Además, para productos industriales con alto contenido de insumos importados, la protección efectiva es moderada y hasta inexistente. EL MERCOSUR. El problema más crítico se da en el contexto del Mercosur, ya que en este caso no hay aranceles, ni sobrevaluación cambiara, porque el real brasileño también tiene un tipo de cambio real alto frente al dólar. Este es justo el tema que se discute en estos momentos y que Lavagna planteó la semana pasada a Lula y su equipo. La primera preocupación fue por la industria automotriz; pero además se apunta a normas que eviten aumentos bruscos de determinadas importaciones, en uno y otro sentido, que desestabilicen industrias. Es un tema que hay que pensar en profundidad. Una política industrial efectiva abarca también el régimen laboral, el impositivo y el crediticio. En todo esto hay mucho por hacer, si realmente se le da a la política industrial la prioridad que se declama.
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