Martes 3 de agosto de 2004
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  ANOCHE SE INAUGURO EL VII FESTIVAL DE MUSICA
El Colón quedó chico ante el inmenso talento de Salinas
El guitarrista, que vive su mejor momento, dio un concierto ante 3.500 personas. Interpretó temas de su CD "Música argentina".





"GRACIAS. ESTO FUE UN SUEÑO Y NO ME LO OLVIDO MAS«", DIJO AL FINALIZAR.



POR JAVIER FIRPO-

El techo abovedado y sus pinturas, las añejas arañas, los cortinados, glamorosamente acomodados, los pitucos palcos... El Teatro Colón siempre es una atracción para los neófitos. Que los hubo y muchos. Porque anoche se presentó un músico que no es habitué del Coliseo porteño, pero, al menos ayer, no sería exagerado decir que "A Luis Salinas, el Colón le quedó chico". En el arranque del VII Festival Internacional de Música de Buenos Aires, el guitarrista desplegó su repertorio basado en el álbum doble "Música Argentina". Ante 3.500 espectadores, el pelilargo salió al escenario luciendo elegante... Nada que ver con aquellos no tan lejanos tiempos en los que ya cautivaba en sótanos y bares, vistiendo jeans y camisas rotosas. En un momento prodigioso de su carrera, comenzó puntualmente con un solo que incluyó un mix tanguero: "El último café", "Volver" y "Uno".

Junto a su conjunto de eximios músicos, Salinas llevó la batuta en esta suerte de aquelarre que se formó en el escenario. Una tertulia entre guitarras que quedará en el recuerdo. Como se recuerda aquellas frases de grandes como George Benson o B.B. King, que no se arrepintieron de catalogar a Salinas como uno de los mejores del mundo. Tango y folclore se combinaron en un concierto de dos horas escasas.

Un público exultante acompañó con cantos y palmas —que en el Colón se amplifican por la soberbia acústica— cada pedido que surgía desde el escenario. Durante la velada, Salinas dejó en evidencia, una vez más, su buen gusto, esos dedos magnéticos que logran hacer gemir a la guitarra, y una delicadeza —que mezcla timidez— para entonar algunas canciones como la bella "Mujer, niña y amiga".

Como en medio de un trance, Salinas contagió a su fans, quienes con movimientos espasmódicos que iban desde la cabeza a los pies, trataban de meterse en su gruesa humanidad. Hasta Carolina Peleritti, como hipnotizada, salió de su refugio, en un palco, sin temor de mostrarse en público.

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