Lunes 28 de octubre de 2002
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  FUTBOL
Domingo de resurrección
Marcelo Delgado venía en un buen nivel, aunque La Doce no olvidaba su noche negra ante el Bayern por la Intercontinental. Pero ayer, con sus dos goles, se redimió y sacó chapa de ídolo de por vida.



PURA ALEGRIA. EL CHELO SE PUSO EL TRAJE DE HEROE Y FUE EL ARTIFICE DE LA VICTORIA DEL EQUIPO DEL MAESTRO TABAREZ EN EL SUPERCLASICO.


Los superclásicos, como si se trataran de producciones made in Hollywood, deben tener siempre un héroe. Y qué mejor que ese protagonista estelar no figure en los pronósticos iniciales. Allá por 1976 la varita mágica iluminó el pie del Chapa Rubén Suñé. En 1981, en cambio, la suerte del Millonario mucho tuvo que ver con el destape de Daniel Messina, un ignoto volante formado en las canteras de River. Algo parecido sucedió en el Clausura 2002, cuando el paraguayo Ricardo Rojas se ganó la inmortalidad dentro de los corazones riverplatenses. Así, revisando los archivos, la lista se hace demasiado extensa. Sólo puede asegurarse, al menos hasta el próximo enfrentamiento, que Marcelo Delgado es el dueño exclusivo del último eslabón de la cadena de los ''muchachitos de película'' .

TODO MAL. El ciclo del Chelo en Boca parecía agotado. Su clásico disparo ''tresdedos'' no alcanzaba para enmendar su noche negra. Esa que parecía haber marcado a fuego su suerte en la final Intercontinental ante el Bayern Munich. Entonces, se había ganado el odio de propios y extraños. Había sido tildado como el responsable de la derrota, ya que, tras perderse un gol hecho, se hizo expulsar tontamente dejando diezmado a su equipo en el primer tiempo.

Tras esa fatídica actuación en Tokio, el delantero de Capitán Bermúdez había quedado desahuciado. Sus amigos dentro del plantel —Juan Riquelme y Cristian Traverso— habían sido transferidos al exterior y los dirigentes lo habían puesto en una especie de remate. Un día estaba vendido al Copenhague FC de Dinamarca —al final no se hizo porque el fisco le retenía el 40% de sus ingresos— y al día siguiente parecía consumado su regreso a la Academia. Para colmo, Boca se había hecho con los servicios de Raúl Estévez, que llegaba desde San Lorenzo para cubrir su anunciada ida. Sin embargo, el Maestro Tabárez, que en un principio quería sacárselo de encima, finalmente exigió su permanencia en el plantel. Y así comenzó su resurrección en Boca.



TODO BIEN. Con Guillermo Barros Schelotto entre algodones, el Chelo fue titular indiscutido en el Apertura 2002 y, a cuentagotas, fue recuperando el nivel que años atrás lo llevó a la Selección. Es más, ante la sequía del Pampa Sosa y la pobre eficacia de Bracamonte, el DT uruguayo lo puso de enganche para aprovechar la movilidad de Tevez como atacante. Y, con la recuperación del Mellizo, la delantera se terminó de armar con una inusual forma de tridente. El resto es historia conocida. Boca fue ayer Sportivo Delgado. Le bastaron dos derechazos para sentenciar el superclásico y certificar la defunción de las aspiraciones de River en el torneo. Una tarde gloriosa que le sirvió para borrar el pasado. Una tarde que lo convirtió, como a muchos otros, en el héroe menos pensado.

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