Martes 30 de abril de 2002
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Opinión  
  ANALISIS ECONOMICO
El problema de los depósitos congelados
Por JUAN ALEMANN.



Con el rechazo del proyecto de ley por el cual los depósitos congelados y reprogramados se convertían en bonos en dólares a diez años, el problema de qué hacer queda en pie. El Gobierno logró que el Congreso aprobara en forma inmediata un proyecto que frena los amparos judiciales por algunos meses, con lo cual tiene un plazo de gracia para encontrar una solución. Al mismo tiempo el Presidente del Banco Central, Mario Blejer, anunció que denunciará ante el Consejo de la Magistratura a los jueces que hayan ordenado velozmente los pagos, ya que es muy sospechoso que los amparos pagados se concentren en algunos juzgados y algunas provincias, como Chaco y Chubut. Debería denunciarse especialmente a los jueces que han ordenado abrir por la fuerza las cajas de los bancos, para apoderarse de billetes de dólares.



UN BONEX SIN VARIANTES. De forma inmediata renació la idea del nuevo Bonex, con características distintas. Algunos legisladores propusieron que el Poder Ejecutivo los emitiera por decreto de necesidad y urgencia, que ellos luego aprobarían. La cuestión es no asumir la responsabilidad política primaria.

El proyecto original se enriqueció con la idea de que los bonos pudieran ser utilizados para cancelar créditos bancarios. Esto limitaría el desagio con el que se cotizarían los bonos, con lo cual el perjuicio para los ahorristas sería soportable. Porque la justa indignación de los mismos provino del hecho de que advirtieron que los bonos se cotizarían a menos del 30 por ciento de su valor nominal. Pero si los bancos reciben estos bonos por cancelación de créditos, luego tendrán en cartera activos de bajo rendimiento; y como los créditos han sido pactados a tasas de interés muy superiores, los bancos pierden ingresos, que necesitan para cubrir sus elevados gastos operativos. O sea que esto llevaría directamente a la destrucción del sistema bancario.

Ahora, el ministro Lavagna volvió sobre la idea de los bonos, pero con la característica de que en parte los propios bancos los emitan, a través de fideicomisos respaldados por una cartera de créditos, de modo que a medida que estos se cobren, se amortizan los bonos. Es un mejor proyecto, pero sigue en el rumbo equivocado, ya que mantiene la desmonetización de los depósitos.



RECONSTRUIR EL SISTEMA BANCARIO. Recapacitemos sobre el tema. El sistema bancario contaba el año pasado con depósitos por U$S 85.000 millones, monto que ya era insuficiente para surtir a la economía de capital de trabajo. Después de la pesificación y la transformación de los depósitos en bonos, quedarían $ 30.000 millones, o sea menos de U$S 10.000 millones, con lo cual se condena a la economía a una depresión crónica.

Tendríamos un sistema bancario muy reducido, con mucho menos bancos, y puramente "transaccional", o sea que administraría cuentas corrientes y de ahorro, otorgando créditos con estos fondos. El ahorro genuino iría entonces al exterior o a "financieras" que ofrecerían intereses acordes con los niveles que fije el mercado. Está claro que un país que envía sistemáticamente sus ahorros al exterior está condenado a no crecer.

Para reconstruir el sistema financiero, en primer término hay que entender cómo funciona. En tal sentido, lo que corresponde es descongelar los depósitos en el momento de la firma del acuerdo con el FMI, eliminando la reprogramación forzosa y la pesificación, y volviendo al sistema bimonetario, con alguna corrección. De todos modos, el Banco Central ya dispuso que al 2 de enero del 2003 se liberan los fondos.

Por supuesto, hay que mantener la bancarización forzosa dispuesta por Cavallo el 30 de noviembre de 2001, que en el fondo no fue otra cosa que implantar en la Argentina el sistema que de hecho rige en los EE.UU, donde los pagos en efectivo son mínimos. Entonces, cuando alguien quiere utilizar sus fondos depositados, los mismos pasan primero a su cuenta corriente (en pesos o en dólares), de modo que puede pagar con cheque, con tarjeta de crédito o de débito o con orden de pago directa o electrónica. El retiro en efectivo debe quedar limitado a $ 300 semanales, incluso para sueldos mayores. Quien recibe el pago, lo tendrá acreditado en su cuenta. Pero el dinero no sale del sistema bancario. ¿Cuál es el problema entonces?

A partir de allí hay que volver a implementar la operatoria normal de los bancos, haciendo efectivo también el mandato del acuerdo con los gobernadores de eliminar los obstáculos para la repatriación de capitales, lease "blanqueo". Si de los más de U$S 100.000 millones de activos que residentes argentinos tienen en el exterior regresaran U$S 10.000 millones, nos daríamos por bien servidos. La prioridad, en este momento, es que vengan en forma de depósitos en bancos locales, para contribuir al rehacer el sistema financiero.

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